¿Onde foron as estrelas?

Normalmente cando compartimos unha ligazón externa no blogue facemos unha pequena referencia e deixamos a lectura do artigo para o lugar de orixe, pero neste caso, dado que esta reportaxe publicada en La Vanguardia por Manel Soria é un perfecto resumo, moi claro e conciso, da problemática da contaminación lumínica, queremos copiala integramente aquí (sen ánimos de apropiarnos do seu contido nin de beneficiarnos do traballo) para non perdela. O título orixinal é ¿Dónde han ido las estrellas? e en outubro de 2013 atópase nesta ligazón: http://www.lavanguardia.com/magazine/20131025/54392320262/astronomia-estrellas-reportaje-magazine-27-octubre-2013.html

Rapa Nui, la isla de Pascua, está casi en mitad del océano Pacífico y se considera la más alejada de cualquier otro asentamiento humano, y por tanto, la más distante de fuentes de luz artificial. Si se espera a que caiga la tarde cerca de uno de sus numerosos moai, cuando han cesado los sonidos de las las aves marinas pero el cielo todavía conserva un último rastro de color azul, se ven surgir lentamente las estrellas del hemisferio sur y finalmente la majestuosa Vía Láctea. En completa oscuridad, la luz del firmamento resulta sorprendentemente intensa, tan intensa como cuando las enigmáticas estatuas de la isla fueron erigidas. Si no se ha experimentado, resulta difícil imaginar hasta qué punto es impresionante y hace ser plenamente consciente del espectáculo que nos han robado las luces artificiales que se han apoderado de la noche en casi toda Europa.

Es una triste paradoja que el mundo moderno prive de las estrellas, precisamente ahora que los instrumentos astronómicos son más perfectos que nunca, desde los más modestos telescopios domésticos, que hubieran impresionado a Galileo hace 400 años, hasta las sondas espaciales que recorren el sistema solar. Los telescopios infrarrojos han permitido observar estrellas que giran a velocidades de vértigo en torno al enorme agujero negro del centro dela Vía Láctea y ya se han detectado casi mil planetas que orbitan alrededor de otras estrellas. Incluso se ha logrado algo parecido a viajar al pasado más remoto, captando luces emitidas hace miles de millones de años, no mucho después del origen del universo.

Fruto de estos avances, las fotografías astronómicas muestran nebulosas, asteroides, escenas de Marte o lejanas galaxias. Sin embargo, estas imágenes tienen muy poca relación con la vida diaria de los habitantes de las ciudades. Impresionan por su belleza plástica, pero algunas podrían parecer pinturas abstractas. A principios del siglo XXI cada vez se sabe más del cosmos, pero resultan más desconocidas las estrellas que veían nuestros ancestros. No se puede asociar una fotografía de Júpiter o de las Pléyades con una experiencia personal. No obstante, lejos de luces artificiales, esos objetos son perfectamente visibles en el cielo e inevitablemente llamarían la atención del observador. Sin duda, formaban parte de la vida cotidiana hasta hace poco. Un poema de Safo de Lesbos decía: “Se han puestola Lunay las Pléyades/ya es media noche/las horas avanzan/pero yo duermo sola”.

Las Pléyades son un inconfundible cúmulo de jóvenes estrellas azules que brillan juntas. Pero comola Tierragira, parecen desplazarse por el cielo y acaban ocultándose bajo el horizonte, como el Sol.

El cielo se utilizaba en la antigüedad como calendario, brújula y escenario de narraciones míticas. Los griegos supieron ver en el firmamento constelaciones de estrellas para dedicarlas a los héroes Hércules y Orión, al rey Cefeo, a su esposa Casiopea, a su hija Andrómeda y a otros. Su posición en el cielo también formaba parte de la narración: en invierno, el fogoso Orión parece perseguir a las siete Pléyades, que son estrellas femeninas, pero está en el extremo opuesto del Escorpión, que le causó la muerte y que se ve en el cielo de verano.

Para los vikingos,la Vía Lácteaera el camino al Valhalla, el destino de las almas de los guerreros muertos en combate, mientras que para las culturas asiáticas, era un río de plata que separaba a dos amantes, las estrellas Vega y Altaïr. Para los incas, Alpha y Beta Centauri, estrellas que no pueden verse desde Europa, eran los ojos de una llama celeste. En el antiguo Egipto, la estrella más importante era Sirio; su primera aparición después de haber sido invisible durante meses era esperada por los sacerdotes, pues anticipaba la crecida anual del Nilo.

No solamente los sacerdotes observaban el cielo, las estrellas también eran conocidas popularmente. Cervantes cuenta en El Quijote que Don Quijote y Sancho Panza se encontraban andando de noche cuando oyeron unos ruidos aterradores. A Don Quijote le pareció que era una estupenda oportunidad para una aventura, pero Sancho trató de disuadirle, o por lo menos de hacerle esperar hasta que fuera de día. Y para convencerle de que faltaba poco para el alba, le dijo: “A lo que a mí me muestra la ciencia que aprendí cuando era pastor, no debe de haber desde aquí al alba tres horas, porque la boca dela Bocinaestá encima de la cabeza, y hace la media noche en la línea del brazo izquierdo”.La Bocinaera una denominación popular dela Osa Menor, visible desde esta latitud, y que con un poco de práctica puede usarse para saber qué hora es.

Todo este conocimiento popular se ha perdido en gran medida. Durante el siglo XX, a medida que avanzaba la astronomía, el cielo resultaba cada vez más difícil de observar como consecuencia de la contaminación lumínica: luz artificial innecesariamente dirigida hacia el cielo, donde no hay nada que pueda ser iluminado. Ahora, a principios del siglo XXI, la contaminación lumínica se ha extendido por gran parte del mundo. Es un serio problema que afecta gravemente las observaciones astronómicas. Ramon Naves, uno de los astrónomos aficionados más activos en España y descubridor de dos asteroides desde su observatorio en el Maresme (Catalunya), explica que ciertas observaciones cometarias le resultan simplemente imposibles, no por falta de pericia ni del equipo adecuado, sino por la contaminación lumínica. “Hace solamente 20 años,la Vía Lácteatodavía podía intuirse desde el Maresme”, asegura.

Precisamente, los astrónomos fueron los primeros en reivindicar la protección de la oscuridad de la noche. Pero Pere Horts, de a Asociación contra la Contaminación Lumínica Cel Fosc, creada en 1996, aclara que la contaminación lumínica no es solamente un problema para los astrónomos. “Además de dificultar las observaciones astronómicas y el placer de la contemplación del cielo tiene efectos perjudiciales mesurables para las especies animales nocturnas, que son más de la mitad del total. Se ha comprobado que muchas especies simplemente no pueden vivir en medios con niveles elevados de contaminación lumínica, lo que provoca un empobrecimiento de la biodiversidad”. Un ejemplo evidente serían las luciérnagas, que emiten luz para atraer a los machos y que la desactivan en presencia de iluminación artificial.

La contaminación lumínica no sólo representa un desperdicio de energía y un problema para el medio ambiente, también para las personas. “Los seres humanos precisamos de un adecuado equilibrio entre luz y oscuridad para un correcto funcionamiento de la glándula pineal, que segrega melatonina que interviene en la regulación de nuestro reloj biológico. Un déficit de esta hormona puede afectar al sistema inmune y producir envejecimiento prematuro e incluso se ha relacionado con ciertas formas de cáncer”. De modo que la presencia de luz residual durante el tiempo de sueño no representa un avance en la calidad de vida ni es inocua. Sin embargo, diseñando adecuadamente los sistemas de alumbrado es posible hacer compatible la protección de la oscuridad con una iluminación más que suficiente en las ciudades, como demuestra el ejemplo de La Palma en las islas Canarias, asegura.

Asociaciones como Cel Fosc han sido muy activas proponiendo fórmulas que permitan lograr este equilibro, pero queda mucho por hacer. Todavía no existe una legislación unificada en el ámbito español ni europeo. Canarias fue la comunidad autónoma pionera en esta cuestión, y en el 2001, el Parlament de Catalunya aprobó por unanimidad una legislación sobre contaminación lumínica, cuya aplicación práctica se ha visto retrasada por dificultades en el reglamento. Más allá de los aspectos legales, la oscuridad del cielo es un valor turístico en alza. En el 2007 se firmó la declaración Starlight en La Palma. Lacertificación de destino turístico Starlight, avalada porla Unesco, se otorga a lugares con cualidades excelentes para la contemplación del cielo estrellado (ya existen varios reconocidos).

Incluso sin ser buenos conocedores del cielo ni saber astronomía, la noche en la naturaleza permite recuperar, por lo menos en parte, el paisaje estrellado del que disfutaron los antepasados. No es necesario ser un experto ni disponer de un telescopio para experimentar una embriagadora sensación de plenitud ante las estrellas.

El primer objetivo puede ser, simplemente, salir al medio natural una noche de luna llena. La luz solar que el satélite refleja es muy intensa y permite pasear sin luz artificial alguna, aunque esta se deba llevar por seguridad. Las sombras son muy visibles y solamente las estrellas más brillantes pueden apreciarse bien. Lejos de ser un inconveniente, esto puede ayudar a identificar las constelaciones, empezando por las más visibles, comola Osa Mayor, Casiopea, Orión o el Escorpión. No hay que dejarse abrumar por su gran número, ni por los complicados movimientos de los astros en el firmamento. Sin prisas, con un libro introductorio y el programa gratuito Stellarium, que genera una excelente simulación del cielo, poco a poco, se podrá ir conociendo las estrellas.

Si se ha disfrutado del primer paseo a la luz de la luna, se pueden fijar objetivos más ambiciosos, como verla Vía Lácteao la luz zodiacal. Para observarla Vía Láctea, nuestra galaxia, será necesario desplazarse a un lugar lo más alejado posible de las ciudades. La mejor época del año probablemente sea a principios de verano. En condiciones óptimas, se verá como un gran arco luminoso que va de un lado al otro del horizonte. La luz zodiacal, en cambio, es un brillo que se debe a las partículas de polvo dispersas en el sistema solar, más tenue quela Vía Láctea.El mejor momento para verla en esta latitud es a finales de invierno, mirando hacia el oeste dos horas después de la puesta de sol.

Para quien sienta la necesidad de guardar un recuerdo visual de las observaciones, las cámaras digitales modernas facilitan fotografiar el cielo tal y como se ve. Simplemente con un trípode y un cable disparador se puede empezar a hacer alguna prueba y, tal vez, plantearse viajar a lugares como los que se pueden observar en estas páginas, desde la isla de Pascua y el desierto de Atacama hasta los pueblos aislados en el Atlas u otros lugares donde el cielo nocturno todavía es tan oscuro como antes de la invención de la electricidad. Cuando se haya aprendido a apreciar las estrellas, este será el mayor anhelo: poder verlas como en tiempos de nuestros bisabuelos. Paradójicamente, el mayor de los lujos en nuestro tiempo tal vez sea algo aparentemente tan simple como la oscuridad.

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