Experiencias

A contaminación lumínica é un problema que se está dando a coñecer hoxe en día peseniñamente. É bastante descoñecido e hai moita xente que todavía non sabe da súa existencia ou pensa que non existe tal cousa e que é unha invención, principalmente de astrónomos. Para intentar atallar estas crenzas e coñecer as diferentes realidades sobre este tema gustaríanos que cada quen nos falase da súa experiencia coa contaminación lumínica: como, cando e onde decatácheste da realidade, como a contaminación lumínica afecta á túa vida cotiá ou ó teu traballo, etc.

Como un primer exemplo e para ‘abrir boca’ comezamos coa experiencia dun amigo noso, Daniel, un rapaz de A Coruña concienciado co problema.  Aquí a súa experiencia escrita por el mesmo:

Hace aproximadamente unos tres años que muestro interés por la astronomía, pero este surgió por mera casualidad. Fue una fría noche de invierno, en la que yo y mi familia habíamos ido a mi aldea (Vijoy, una pequeña parroquia de Bergondo). Nada más salir del coche, sumido en una oscuridad total, me quedé maravillado cuando erguí la mirada hacia arriba. No me podía creer lo que veían mis ojos. Había miles de estrellas adornando el telón oscuro del cielo. Un espectáculo de inmensa belleza que jamás voy a olvidar.

Con el paso del tiempo, y tras haber estado en lugares mucho más oscuros, esta increíble maravilla de la naturaleza no ha dejado de sorprenderme. Recuerdo perfectamente la ocasión en la que, este invierno, tuve la suerte de encontrarme en los montes del Bocelo (Sobrado), bajo un cielo que considero de los mejores que he visto en mi vida. La oscuridad era tal que, a pesar de oír el intenso ruido de los eólicos, no los podía ver, a pesar de que se encontraban a pocos metros de la carretera. Tan solo fui capaz de localizar su ubicación cuando advertí que un objeto (el aspa) tapaba parte del estrellado cielo nocturno a la izquierda del camino. También se podía observar la Vía Láctea, una preciosa banda de luz débil, atravesando el cielo de lado a lado. Si bien en estas ocasiones el espectáculo es imponente a simple vista, la emoción se completa con unos prismáticos o un sencillo telescopio, con los cuales el observador puede localizar cientos de cúmulos, galaxias y nebulosas. Y después salió la Luna. Es increíble como nuestro satélite, un objeto que pasa desapercibido en la ciudad, proyecta intensas sombras cuando se observa desde una zona oscura.

Tras la fría pero maravillosa observación, de regreso a casa, no despegué la mirada del cielo por la ventanilla del coche. Las luces iban apareciendo lentamente. Cuando entramos en el área metropolitana de La Coruña, tan solo se distinguían ya las constelaciones más familiares, y cuando llegué a mi casa, no se podía observar otro astro que no fuese la Luna. Resulta frustrante ver como la humedad, la contaminación atmosférica y la luz mal dirigida hacen que el cielo sea completamente opaco para los observadores, aunque este último factor es, quizás, el más determinante.

Me frustra que no se le dé solución al problema de la contaminación lumínica, pues el remedio es bastante sencillo (evitar que la luz se proyecte hacia el cielo), y ganaríamos mucho en cuanto a eficiencia energética, salud, seguridad y placer estético. Una falsa creencia que tiene la gente es el pensar que estas medidas serian únicamente a favor de los aficionados a la astronomía. No creo que nadie pueda estar en contra de ahorrar millones de euros, recuperar la visión del cielo estrellado, mejorar la sanidad y la seguridad, y no estar sometidos constantemente a una cortina de luz en el cielo que nos aísla del resto del universo, y que constituye una pérdida cultural de primer orden. Ejemplo de estas medidas son las islas Canarias, donde ya se han aprobado leyes que regulan la contaminación lumínica. He conocido testimonios de gente que asegura haber visto la Vía Láctea en medio de la ciudad de la Palma. Los ciudadanos del lugar están encantados porque pueden gozar de la visión del cielo estrellado sin tener que recorrer grandes distancias (conservando el mismo nivel de iluminación en las calles), y además se están ahorrando muchos millones de euros. ¿Se puede pedir algo más?. Mi pregunta es: ¿Por qué no lo hacemos también en los demás lugares?

Outra esperiencia de Daniel Ríos: Chapuza total

2 thoughts on “Experiencias

  1. Mi preocupación por la contaminación lumínica sale expontáneamente ante el incesante e innecesario crecimiento de número de farolas y focos en todos los núcleos urbanos.

    Como conductor siempre me fascinó la capacidad que tienen las personas encargadas de la ornamentación de las rotondas (o plazoletas o glorietas) de poner luces donde más molestan y menos se necesitan. En mi opinión, hoy en día prácticamente no hace falta que los coches tengan luces para ir por una ciudad con él. Como viandante me sorprende que los que diseñan las calles no se den cuenta de que el exceso de luz provoca prácticamente el mismo efecto que la oscuridad absoluta. La única diferencia es que la oscuridad no hace daño a los ojos.

    Aunque ya era consciente y crítico con este problema antes, mi malestar aumenta cuando hace un par de años o tres descubro la diversión y la belleza que se esconde detrás de tanta iluminación: un cielo estrellado. Recuerdo haber disfrutado de la Praza do Obradoiro con un cielo poco iluminado, lujo que ahora nos han quitado pero que se intenta recuperar. Incluso otra vez haber hecho una observación astronómica aquí con la plaza totalmente a oscuras.

    Una parte de mis estudios tiene lugar en el Observatorio Astronómico Ramón María Aller y ahí fue donde definitivamente descubrí el alcance que tiene la contaminación lumínica: afecta hasta con telescopios grandes. Ahora estoy sacando fotos de objetos celestes y es increíble como cuanto más en el horizonte esté el objeto la luz afecta a la foto impidiendo que salga un fondo negro y limpio.

    Tengo la ocasión de tratar con profesionales y aficionados a la astronomía como Josefina Ling, José Ángel Docobo o Salvador Bará, todos ellos profesores en la Universidad de Santiago de Compostela, y con ellos mi capacidad crítica de la contaminación lumínica aumenta día a día y también mi esperanza de que tarde o temprano la sociedad entenderá los diferentes problemas que trae esta contaminación y que finalmente se corregirá gran parte de este problema.

  2. El cielo estrellado produce en mi una sensación “ horror vacui” en el sentido artístico de la palabra.
    El techo oscuro, con un ligero resplandor anaranjado, finito y hermético que cada noche cubre las casas en la cápsula de la ciudad; cuando te adentras en aquellas zonas en las que apenas hay casas, ni carreteras super iluminadas, ni neones, ni carteles luminosos…el paisaje celeste cambia y te sientes fuera de la falsa zona de seguridad encapsulada en la que te encontrabas. El resplandor anaranjado que da paso a la total oscuridad se convierte en azul. Entonces miles de millones de puntos de luz blanca ante tus ojos que intentas inútilmente contar como haces cuando desde la terraza de tu casa cuando te sorprendes al identificar la Osa Mayor.

    La primera vez que vi algo así sentí vértigo. Me parecía imposible. Lo cierto es que nunca antes me había preocupado demasiado en mirar hacia arriba, quizá por que el cielo que conocía no era de lejos tan atractivo como este. Pero también sentí congoja, porque era tan atractivo como desconocido, aun a pesar de lo estudiado en el colegio. Imaginaba que si pudiese por un momento estar en Marte y mirar hacia arriba, vería una estampa similar y al intentar buscar el planeta tierra sentiría el mismo vértigo al comprobar que no somos más que un punto en el infinito. Entonces todo lo relativo a lo humano me pareció absurdo, todas las tonterías que nos preocupan día a día, lo que creemos necesitar, lo que creemos querer y lo que nos creemos de nosotros mismos.

    Esta experiencia cambió la imagen mental que tenía del cielo nocturno, pero también mi relación con el medio que me rodea y me hace pensar que si el nuevo deporte nacional fuese la observación astronómica en vez del fútbol, todos seríamos galácticos y no sólo los jugadores de un equipo.

    Nos empeñamos en inundar de luz artificial nuestras ciudades y pueblos al caer la noche; a veces por una falsa sensación de seguridad, al veces por recrear escenarios en los que los turistas puedan observar nuestros monumentos y disfrutar de largos paseos a la orilla de nuestro maravilloso espacio costero…sin embargo esto es una paradoja, porque en el fondo sabemos que ni mas luz es sinónimo de más seguridad, ni que por más que iluminemos nuestros monumentos o paseos van a ser más bellos.

Deixar unha resposta

introduce os teu datos ou preme nunha das iconas:

Logotipo de WordPress.com

Estás a comentar desde a túa conta de WordPress.com. Sair / Cambiar )

Twitter picture

Estás a comentar desde a túa conta de Twitter. Sair / Cambiar )

Facebook photo

Estás a comentar desde a túa conta de Facebook. Sair / Cambiar )

Google+ photo

Estás a comentar desde a túa conta de Google+. Sair / Cambiar )

Conectando a %s